MALDITA UTOPÍA

La vida se precipita a nuestro alrededor, por un silencioso barranco de nostalgia y melancolía.

Tus pies se van enredando entre las zarzas de los errores presentidos, mientras mis lágrimas se convierten en sal y se equivocan de camino.

Tu pecho lucha por cicatrizar las heridas causadas por la erosión del viento, mientras mi sangre se transforma en arena seca, que ahoga esta nueva soledad a golpe de martillo.

Todas las noches escucho tu voz llamándome en sueños, mientras mi corazón se agita y explota, desorientado ante las puertas de un planeta extraño y desconocido.

Con latidos enfrentados, ambos escuchamos en la distancia el mismo sollozo discontinuo. Llanto de oxido derramado sobre almohadas blancas, que empapa labios y manos, mientras a tientas nos buscamos por las esquinas con niebla, sorteando múltiples pozos.

Siempre atrapados en la misma pesadilla. Siempre amarrados a la misma reja, hasta que al final conseguimos abrir los ojos y gritar de tristeza.

¿Por qué ha desaparecido la tierra de nuestros valles?

¿Quién me ha depositado sobre éste cementerio de asfalto?

¿Dónde está el perfume de tus gloriosas hortensias?

¿En que momento me perdí entre los muros del laberinto?

Desde la calle no puedo ver el cielo, ni alimentar raíces. Desde la ventana no puedo besar la luna, ni respirar bajo sus cristales. Desde los parques no puedo tocar las estrellas, ni crecer con las nubes.

Los edificios se lo tragan todo.

La contaminación lo aniquila todo.

Los relojes lo descuartizan todo.

La basura lo entierra todo.

Tras el balcón de una pensión cualquiera, frente al diabólico scalextric de Atocha que ensucia mi alma y mi ropa, mis besos te mandan todo su cariño desde esta habitación vieja, forrada con papel descolorido y manchas de humedad con surcos de polvo negro.

Treinta mil pesetas al mes es el precio de salida que dan por mi cuerpo agotado. Eso es lo que cuesta mi ciega aventura de libertad condicional. Ese es el dinero que pagan por mi amargo desarraigo.

El tiempo agoniza por los túneles del metro, mientras pienso en ti acariciando un libro.

Y entiendo con rabia y con pena, que no nos podremos rendir nunca, bajo ningún concepto.

Solo nos queda volver a cerrar los ojos, abrazarnos y confiar en que mi carta astral nos indique la senda más favorable, donde podamos seguir viviendo.

 

Eliecer.

 

Fotografía: «Maldita utopía». Valle de la novia 53.

Modelo: Bartolina González Domínguez.

Localización: Cementerio de Galaroza. Huelva.