CARTAS PARA LA ETERNIDAD

Gracias a la bendita correspondencia, milagrosamente salvada del descuido, nuestros vínculos se mantienen unidos hasta el día de hoy, venciendo a la implacable guadaña de la muerte y superando los insondables abismos del olvido.

Desde Madrid a Galaroza.

Desde Galaroza hasta Madrid.

Desde la calle de la Fe a El Cenagal.

Desde la calle Sin Salida hasta la de Dulcinea.

Bandadas de cartas llenas de vida colmaron paulatinamente el espacio exclusivo de nuestro cielo protector.

Tus cartas de madre coraje, bordaron con hilos azules las tormentosas nubes que transitaban por mis ojos.  Mientras las mías de hijo exiliado, pintaron de colores primarios las infinitas espirales de tu pelo plateado.

Postales y fotografías que llenaron de luz nuestra frágil sonrisa.

Mensajes y confidencias que ahogaron con lágrimas nuestra espesa sombra.

Palabras de amor que cruzaron montañas y ríos.

Palabras de dolor que atravesaron ciudades y caminos.

Palabras de agua limpia que engañaron distancias, comprimiendo el tiempo.

Palabras de sangre turbia que arañaron nuestras venas, sofocando nuestros nombres.

Miles de palabras y deseos, miles de promesas y palabras.

Y siempre en cada sobre, en cada sello, en cada cuartilla, en cada renglón y en toda la extensa escritura de aquellos años, nuestros lesionados corazones no dejaron de gritarse: ¡Te quiero!

 

Eliecer

 

Fotografía: «Cartas para la eternidad». Valle de la novia 51.

Localización: Cementerio de Galaroza. Huelva.