PALABRAS DE AGUA PARA UNA ROSA BLANCA

Querida mama: Aunque parezca mentira, ya hace mas de media vida que estoy sin ti y eso es mucho tiempo. Tu gran vacío enturbió el equilibrio de mis mareas, expulsó del océano mis estrellas marinas, hundió mis barcos en la oscuridad mas profunda y destrozó mis cuadernos contra las rocas. Ahora, finalmente lo he conseguido, he desabrochado los últimos botones negros del dolor y he dejado mis sentimientos frente al mar, completamente desnudos. Mi ser ya es capaz de acercarse a ti, sin miedo a perderse en las brillantes manchas de la luna. Es cierto que todavía tiemblo al perseguir algunas de tus huellas mas íntimas, pero también es verdad que siento una enorme emoción al contemplar entre mis manos el breve mapa de tu existencia.

Sabes que para llegar hasta aquí, he tenido que descongelar mis aguas y llenarlas de peces, desplegar en la arena de mi pecho el tesoro intacto de tus cartas y despertar tus objetos personales con tibia espuma aúrica. Quería y necesitaba volver a mirar la luz de tus ojos desde la orilla de nuestra playa, y desatar los ángeles  que se quedaron atrapados en tu vestido de novia transparente. 

Muy despacio mi memoria fue abriendo todas las puertas del recuerdo para retratar tu alma vestida de blanco, flotando en la eternidad líquida de estos paisajes cachoneros que son básicamente nuestros. Todo esto era esencial, porque precisaba capturar la historia de tu nombre desde la verdad y guardarla así, en un álbum definitivo de nuestra vida.

Desde que empece este proyecto te he sentido respirar a mi lado en cada fotografía, sobre todo al enfocar las imágenes que evocaban tu sonrisa…y siempre ocurría el milagro, tu espíritu incandescente iluminaba el aire, tan intensamente que las mujeres de nuestra casa se convertían en mariposas fluorescentes, consagradas a un sueño acuático de espejos. He sido muy afortunado mama, porque para crear esta delicada obra he tenido la sangre y la materia de tus hijas, nietas y biznieta, que encarnan tus vivencias para proyectarlas desde el presente hacia el futuro, con la fuerza inagotable de las olas. 

Hoy ansío decirte que por fin soy muy feliz, porque gracias a este anhelo cumplido, he saltado por encima de los abismos que permanecían abiertos y he superado el desastre de aquella maldita tarde de verano, cuando la muerte, sin misericordia, inundó nuestras venas, rompiendo nuestros abrazos y alejando para siempre nuestros besos.

Dedicado a tu corazón mágico, luchador infatigable, aún estando malherido por la enfermedad devastadora y el desamparo del amor. Gracias por seguir aquí, latiendo dentro de nosotros. Tu hijo que te adora. Eliecer.

*Fotografía: Maternidad divina. 1965 Eliecer. Valle de la novia 21.

Modelo: Beatriz Trujillo González.