LA FELICIDAD SE DISOLVIÓ EN EL MAR COMO UN TERRÓN DE AZÚCAR

La vida y la muerte se miran por primera vez directamente a los ojos.

La muerte se acerca a la vida apartando con su guadaña las oscuras cortinas del miedo y la vida reconoce a la muerte entre el dolor punzante de la duda.

Al final del pasillo en penumbra, la muerte y la vida se abrazan lentamente y se funden en un baile desnudo, mientras escuchan la desolada canción de las plegarias, derramándose por los frágiles tabiques del  corazón herido.

Es entonces cuando la muerte y la vida se besan entre palabras de amor.

La muerte le promete a la vida el descanso eterno y la vida le jura a la muerte el infinito recuerdo del tiempo. 

Nuestros nombres se congelan momentáneamente bajo la negra noche y el reloj del futuro se pone a cero.

¿Será verdad que con el el sol naciente se avecina el deshielo?

¿Hay realmente una cuenta atrás en la sangre y un final en los huesos?

¿Somos absolutamente conscientes de nuestra tenue mortalidad?

Los días van pasando y las feroces sesiones del brutal tratamiento médico, intentan defender las murallas arrasadas de tu cuerpo.

Parece que la muerte de momento no tiene prisa y se sienta a esperar en el umbral de la puerta.

Y la vida sigue brotando imparable a tu alrededor y el 23-04-1983 nace tu quinto nieto, al que llaman José Antonio.

 

Eliecer.

 

Fotografía: “Nuestra felicidad se disolvió en el mar como un terrón de azúcar”. Valle de la novia 45.

Modelos: Carmen González Domínguez y Beatriz Trujillo González.

Localización: Fuente de Los Doce Caños. Galaroza. Huelva.